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viernes, 5 de abril de 2013

EXPOSICIÓN "IMPRESIONISMO, MODA Y MODERNIDAD" EN EL METROPOLITAN MUSEUM DE NUEVA YORK.


"La moda más actual.....es absolutamente necesaria para la pintura, es lo que realmente importa
Eduard Manet, 1881.

Esta frase de Manet resume el espíritu que imperaba en la década de 1880, cuando el impresionismo alcanzaba su mayoría de edad y París surge como la capital mundial de la moda. Ese  momento supone un gran cambio, una ruptura, en todos los aspectos de la vida y las costumbres urbanas. Las convenciones del pasado son rechazadas por una nueva ola de artistas y escritores que buscaban dar expresión a los impulsos de la vida contemporánea con toda la riqueza de matices. 

Con el auge de los grandes almacenes, el advenimiento de la confección industrial y la proliferación de las publicaciones de moda, los que se situaban en la vanguardia de las vanguardias, desde Claude Monet, Auguste Renoir, o  Charles Baudelaire, Stéphane Mallarmé y Émile Zola dirigen sus miradas a las vestimentas contemporáneas, la moda como precursora de la modernité

La novedad, vitalidad y fugaz encanto de las últimas tendencias resultó absolutamente seductora para esos artistas. Sin pretender rivalizar en el detalle minucioso de retratistas de la sociedad como James Tissot y Alfred Stevens, los pintores impresionistas utilizan, no obstante, estrategias similares en sus representaciones de los elegantes parisinos. 

Esta extraordinaria exposición que se inauguró el pasado 26 de febrero en el Metropolitan Museum de New York, ocupa ocho salas, comenzando por los grandes retratos más clásicos de la década de 1860, evolucionando a la pintura Au plein air y las escenas de ocio, pasando por una sección con vestidos en blanco y negro, otra con moda masculina y la proliferación de la cultura del consumo. 

Magnífica la contraposición de esos vestidos originales junto a las pinturas donde están representados. 

La exposición se clausura el próximo 27 de mayo. 

Claude Monet (1840-1926) 
Madame Louis Joachim Gaudibert, 1868  Musée d'Orsay, París.


Vestido de día, Francia,  1865-67


Claude Monet (1840-1926) Mujeres en el jardín , 1866
Musée d'Orsay, París

Vestido de día
americano, 1862-64 
Algodón piqué blanco con cordoncillo negro 

Albert Bartholomé (1848-1928) Madame Bartolomé , ca. 1881
Musée d'Orsay, París


Vestido de Verano. 
Algodón blanco estampado con puntos púrpuras y rayas 







Gustave Caillebotte (1848-1894) En el Café , 1880 Musée d'Orsay, París, 
en depósito en el Museo de Bellas Arts de Rouen


Edgar Degas (1834-1917) La tienda de sombreros , ca. 1882-86 
Instituto de Arte de Chicago


Mary Cassatt (1844-1926) En la Loge , 1878
Museo de Bellas Artes de Boston, 



lunes, 1 de agosto de 2011

MEIFRÉN EN U.S.A.

Meifrén viaja con destino a USA el año 1915 con  motivo de la Exposición Internacional de San Francisco, Panama Pacific International Exhibition, donde presenta tres obras ("La roca blanca", "Nubes" y "Calle de Pollensa") y en la cual es condecorado con la medalla de oro. Aprovecha la otra Exposición que se realiza en San Diego, Panama California Exhibition, y junto a otros artistas como Gonzalo Bilbao o los dos hermanos Zubiaurre presenta sus obras a título individual, ya que en ésta última exposición, y según la crónica de la época, España, y pese a la queja de los organizadores,  no se presenta como país participante. Gana también, en San Diego, un Gran Premio. Visita y pinta también en San Bernardino (California). A finales de 1915 se traslada a Nueva York e instala su estudio. En en noviembre de 1916 realiza una gran exposición en The Wanamaker Store con cerca de  90 obras. Al siguiente año, en 1917, expone en Galleries of Goupil&Co cerca de 56 obras. En estos años de estancia, además de paisaje, dejará retratos y muchas anotaciones. Meifren intenta en vano contactar con Mr. Huntington, el fundador de la Hispanic Society y mecena de artistas, pero no obtiene respuesta, provocando la contrariedad del pintor. Este hecho, unido a una posible estafa que hace que tanto sus cuadros como su dinero desaparezca le hace tomar una nueva y drástica decisión. Meifren llama a su hijo Javier, y juntos regresan a España el verano del mismo año, donde es homenajeado.